¿POR QUE SE INCRUSTAN CON SARRO
LOS CALEFACTORES PARA PISCINAS?
Con el agua fría está todo bien. Un poco de cloro, un chorrito de ácido y ya está.
Pero con el agua fría la pileta se usa muy poco, no más que un par de meses al aƱo.
Para ampliar la temporada la solución es instalar un "climatizador de piscinas", que puede mantener el agua a 30° C durante todo el año, aunque en general solo se lo usa desde el día de la primavera hasta después de Semana Santa.
Es allí cuando las cosas se complican, ya que al calentar el agua se ponen en juego otros fenómenos.
A la vista todas las aguas parecen iguales, pero su composición química puede ser muy variada. La única químicamente pura es el agua destilada (H2O). Todas las demás tienen minerales disueltos en diferente proporción. Y si esta proporción es incorrecta (excesiva o insuficiente) se producirán daños en nuestro reluciente calefactor de piscinas.
El agua debe estar equilibrada (balanceada) y para ello necesita tener una determinada cantidad de minerales en disolución, ni más ni menos.
Cuando carece de los sólidos necesarios se torna corrosiva buscando una situación de equilibrio. Disuelve todo lo que encuentra y se va a combinar con el calcio de la pastina o el revoque, y también con el cobre de la serpentina del calefactor, destruyéndola.
Inversamente, cuando tiene exceso de substancias disueltas, especialmente sales de calcio, éstas precipitan y forman incrustaciones sobre las superficies de la piscina y equipos, en particular en los puntos de mayor temperatura.
El punto más caliente del circuito es el intercambiador de calor del calefactor (serpentina). Allí es donde el agua levanta mayor temperatura y allí es donde las sales se "cristalizan y precipitan" es decir, vuelven al estado sólido y se adhieren a la pared interior de la serpentina, igual que en la pava o el calefón. Eso es el sarro, que en poco tiempo puede destruir un calefactor de piscinas.
El agua corriente de la Ciudad de Buenos Aires tiene pocos sólidos en disolución, mientras que las aguas de pozo suelen tener minerales de más y dejan depósitos blanco amarillentos en la jabonera o la bañera, así como incrustaciones en el calefón.
Se las suele llamar AGUAS DURAS, pero en realidad no siempre lo son.
Hay dos características o parámetros del agua que si bien son diferentes producen un efecto similar. Una es la DUREZA y la otra se llama ALCALINIDAD TOTAL.
La DUREZA excesiva es un verdadero problema ya que solo se puede reducir mediante un costoso aparato llamado ABLANDADOR DE AGUA.
Pero en general la dureza del agua en el Gran Buenos Aires es totalmente adecuada para el uso de la piscina y el climatizador (menor que 400 PPM).
Lo que no es adecuado sino en general excesivo es el nivel de ALCALINIDAD TOTAL, que es la cantidad total de sales alcalinas disueltas en el agua.
La ALCALINIDAD TOTAL es una magnitud diferente de la DUREZA, pero igualmente destructiva y que debemos controlar.
El valor correcto debe estar entre 80 y 120 PPM, pero es normal encontrar en el agua de las napas valores de 350 PPM y más altos aún.
Lo que se necesita, por lo tanto, es reducir la ALCALINIDAD TOTAL, y eso se logra balanceando el agua con el simple agregado de productos químicos, ya sea el muy conocido ácido muriático o el novedoso CORRECTOR DE ALCALINIDAD Dr. HANKO.
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MUY IMPORTANTE:
Esta es una ley general y no admite excepciones. NO EXISTEN equipos invulnerables. Todos son sensibles a la composición del agua.
No importa si son de calentamiento directo o indirecto y no importa la marca ni el origen ni existen dispositivos mágicos que los protejan de verdad.
La única solución real es el tratamiento del agua, para llevarla a los valores adecuados de acidez y alcalinidad.
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